Aprendizajes y celebraciones en una cuarentena

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Entrevista a Claudia

España ha sido uno de los países más afectados por el Coronavirus a nivel mundial. De marzo a junio, la totalidad del país se vio sumido en una estricta cuarentena de 3 meses y 15 días, lo que constituyó un hito sin precedentes para toda la población.

Se han visto múltiples noticias a nivel internacional, sin embargo, ¿cómo fue vivir la experiencia realmente? Claudia, una adolescente de 17 años, nos responde a cómo fue vivida la cuarentena desde su pueblo en el Alto Palancia, Altura.

Altura es un pueblo del interior de España de aproximadamente 3500 habitantes, con costumbres y festividades muy arraigadas en las que participa activamente toda la población autóctona y la de los municipios vecinos. Esto ha creado, a lo largo de los años, un fuerte sentimiento de comunidad que también comparte Claudia, ya que es alturana y ha vivido toda su vida en este entorno: “Nos apoyamos mucho los unos a los otros y la pandemia me ayudó a saber cuáles eran las personas que verdaderamente me importaban”, afirma la entrevistada.

No obstante, en un inicio, se le vino el mundo encima al enterarse de que tendrían que estar confinados: “Soy consciente de que no volveré a tener esta edad y pensé que este sería un año perdido. Sin embargo, conforme fueron pasando los meses, a pesar de que tuve muchos momentos de crisis, aprendí muchas cosas. La primera fue una nueva forma de vivir la música”.

  1. Una nueva forma de vivir la música

“Tan siquiera sabía que había altavoces distribuidos por todo el pueblo, pero no hubo un día en el que no se escuchara música. Durante 30 o 40 minutos, a las 6 de la tarde, se escuchaba tanto Flying Free, Un beso y una flor o canciones de La Bella y la Bestia.

Claudia nos cuenta la importancia de la música durante la cuarentena, ya que sirvió para unir y animar a la gente a pesar de la distancia. Asimismo, nuestra entrevistada forma parte de la banda musical de Altura, a través de la cual los miembros se animaron los unos a los otros enviándose vídeos para seguir compartiendo su pasión por la música ante la imposibilidad de reunión.

“Tampoco se pudieron celebrar las fiestas como siempre, así que inventamos nuevas formas de vivirlas a través de la música. Con motivo de San José, todos los músicos de la Comunidad Valenciana salimos a los balcones a tocar “Amparito Roca” y “Paquito el Chocolatero”. Había un directo en Internet para poder seguirlo. Fue muy emocionante sentir cómo nuestra esencia de celebración, fiesta y tradición no podía perderse”.

  1. Carnavales improvisados

La entrevistada afirma que uno de los mejores recuerdos del confinamiento fueron los carnavales online que acabaron surgiendo de forma espontánea entre los jóvenes del Alto Palancia: “Inicialmente, usábamos Houseparty para estar en contacto con nuestros amigos, y como las llamadas eran abiertas, acababan entrando otras personas del Alto Palancia para animarnos y darnos fuerzas los unos a los otros. No sabemos cómo ocurrió, pero esto llevó a una especie de carnaval online diario, donde la gente entraba disfrazada a las conversaciones y el resto tenía que adivinar quiénes eran. Es una de esas cosas especiales que jamás me habría esperado que ocurriese. Acabamos todos disfrazados, disfraces en ocasiones verdaderamente originales y divertidos, riéndonos y fortaleciendo vínculos con personas con las que tal vez no teníamos tanta relación”.

  1. Tradiciones que se suman

La tradición más importante en Altura es la del Berro, celebrado el 25 de marzo. Esta debía de haberse celebrado unos días después de que empezase la cuarentena en España, pero los alturanos, decidieron que no se quedarían sin celebrar una de sus fiestas más importantes: “Ya que no teníamos muchas formas de poder expresar que estábamos celebrando el nacimiento del Berro, decidimos salir con cacerolas a nuestras ventanas para crear una mascletá antes de que Zarzoso tirara la oficial. Las camareras de la fiesta tiraron fuegos artificiales y la banda salía a sus balcones a tocar los pasodobles tradicionales. ¡Teníamos que celebrar nuestra fiesta, hombre!”.

  1. Un verano diferente

Con la llegada del verano llegó también una “nueva normalidad” al territorio español, y ante la imposibilidad de hacer las mismas cosas que otros años, Claudia aprendió a vivir el verano de una forma distinta: “Estuvimos mucho más en contacto con la naturaleza. No podíamos salir de fiesta, pero descubrimos que había tantos sitios a los que ir: miradores, montañas, playas, calas… En definitiva, ha sido un verano increíble”.

  1. Selectividad y el futuro

Claudia actualmente estudia el último año de bachiller, por lo que confiesa estar inquieta ante la posibilidad de que esta situación pueda afectar a su futuro en la universidad: “Estamos todos un poco perdidos y tampoco los profesores saben qué decirnos”.

Por otro lado, la entrevistada espera no tener que volver a una situación de confinamiento, aunque sí considera que la pandemia ha tenido su parte positiva: “Tanto para lo bueno como para lo malo, voy recordar por siempre este año y todas las cosas que he aprendido. Es extraño, pero cuanto más inestable es tu entorno, más fuertes se hacen los vínculos con las personas que te quieren y a las que quieres. Ahora ya sé que aunque cosas negativas e incontrolables ocurran, tengo no solo a mi familia y amigos, sino a toda una comunidad que se hace fuerte ante las adversidades”.

 

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